Por Sebastián López

Más de una vez escuchaste que alguien visitó un museo en el extranjero y le prohibieron sacar fotos en el interior. ¿Cuál sería el problema de hacer fotos en un museo, ya que existen diversas imágenes de las esculturas y cuadros que se pueden encontrar por internet? Si estás en un museo, ante el más mínimo movimiento pretendiendo desfundar la cámara de fotos, un guardia de seguridad se habrá acercado para impedirlo.

Los museos más tradicionales prohíben el uso de cámaras en el interior, con o sin flash, debido a que arruinan la experiencia de la visita. El hecho de tomar la foto entorpece a los demás visitantes, generando colas y tumultos, especialmente en las salas donde se encuentran los cuadros más famosos.

El principal motivo de esta prohibición es que las cámaras en modo automático normalmente activan el flash, y esa luz perjudica los colores de las pinturas. Esto se debe a que los pigmentos colorantes que se usaban antiguamente eran compuestos químicos orgánicos, capaces de absorber la radiación luminosa, lo que genera reacciones fotoquímicas que desnaturalizan y alteran las condiciones originales de los colores de la pintura.   

A su vez, la temperatura de los museos está siempre muy controlada, ya que un aumento de unos 12°C duplica la velocidad de envejecimiento y deterioro de la obra. Esto genera una reacción en la superficie de un objeto, como por ejemplo una rotura, movimiento o cambio de color en la pintura.

A lo largo del tiempo, las pinturas expuestas a la luz pueden provocar un deterioro gradual, pero permanente. Si bien no hay un nivel seguro de luz, al tomar estas precauciones se puede disminuir el daño en las piezas de arte.

Fotografía de Katy Visita