Desde un pequeño soldado de plástico hasta una detallada figura de colección. Los juguetes son el reflejo de nuestra niñez, representan nuestra capacidad de imaginar, de maravillarnos con lo simple y crear historias increíbles en las que son protagonistas. Estas cualidades me motivaron a usarlos en mi Fotografía, con el objetivo de explotar su potencial creativo. Fueron transformando la realidad que me rodea, permitiéndome compartir a través del lente la ilusión del juego.

Este tipo de campo fotográfico representa un largo viaje de exploración y aprendizaje. Al fotografiar un juguete, aceptamos el desafío de dar vida a lo inerte, transformando al juguete en un sujeto capaz de transmitir al observador emociones y sentimientos. Lo mejor de este tipo de fotografía es que no es necesario salir lejos. En el actual confinamiento, volvieron a ser un insumo para mi imaginación, transformándose en un elemento más de los presentes en el bolso de mi cámara.

Es una experiencia sensorial que te permite despejar tu mente y apropiarte del momento que vives. Requiere un largo tiempo buscar la fotografía adecuada, pero lo mejor es que el modelo no se cansa esperando la mejor locación para ser fotografiados.

Imaginándonos cómo lograr ese objetivo, comenzamos a buscar los elementos que nos permitan crear el escenario para esa historia: una piedra, maleza o una rama se transforman en utilería para la elaboración de la escena que vamos a capturar. Sin darnos cuenta, nos embarcamos en un proceso creativo que nos lleva a ser conscientes del momento.

Con el tiempo, me di cuenta de cómo conseguir que las emociones se expresen a través de este tipo de imágenes y que ese juguete pueda ser exhibido y fotografiado en todo su esplendor. Lo mejor, es que es posible lograr exhibir y fotografiar esa figura de una manera entretenida y con calidad sin la necesidad de poseer un equipo complejo, ya que una cámara no tan avanzada o un celular son suficiente. Lo demás dependerá de los limites de tu propio ingenio.